La Coctelera

Categoría: Personal

...horizontes lejanos

He decidido tenderte delante de mí como una hoja virgen, esperando grabar sobre ti lo que me permitas, violando las santas líneas de tu recuerdo.

He vuelto a ti, solo, como cuando nos despedimos... Hablamos entonces del horizonte y de los ojos que se asoman para descubrirlo... El horizonte del crepúsculo, de la luna llena... Horizontes que coinciden en un único efecto: la tentación. Una tentación cuya mentira o verdad sólo al final se descubren. Si es real, el seducido no tiene más remedio que seguir buscando otros horizontes más lejanos, y así resulta que el fin del primer ilusorio horizonte no es más que un punto de partida de otro. Y si es mentira, el seducido ya no mira más allá, sino que su vista se vuelve más lejana de lo que era, porque sólo existe él mismo, y así sigue la búsqueda -desesperada, o locamente eterna y estable- del límite de un horizonte.

La contemplación de un sol nacido en la vastedad del Mediterráneo fue el inicio de un sueño...

El tiempo en aquel momento resultaba relativo: no sabíamos si habíamos vivido un día, un siglo o nada. Éramos como seres de una cueva. Sólo nos preocupaba que el sol se levantase del Este tan blanco como nuestras mentes y como la noche anterior.

Tus pupilas se quejaban del brillo del sol y de su reflejo en el mar... Tienes siempre las lágrimas al borde de los ojos... -¿Si cambiamos de sitio? ...Es que no puedo ni siquiera mirarte. Nuestra mirada en el horizonte del este bendijo nuestras palabras sobre el estado del hombre y de la humanidad. Tus reflexiones sobre los crímenes de Bosnia me conmovían... -No se puede callar tanta barbaridad -decías. Cuando me aplaudiste y abrazaste al hablar del hombre magrebí y de su imagen en occidente y cuando interviniste para poner fin a mis discusiones tan estériles con el guitarrista propietario del bar, me convencí de que eras una gran alma y que pertenecías de verdad al patrimonio de la humanidad.

El sol de aquel día acabó con nuestro sueño, que acababa de empezar, y lloraste... y lloré!... Nos convertimos en los personajes místicos de Imilchil, pero nuestras lágrimas, en vez de un lago, formaron un mar que desbordó todo un Estrecho. Un mar en el que navegarán nuestros barquitos de papel que con sus remos toquen las puertas de todas las civilizaciones: Hércules, Tarik, Rodrigo, Boabdil, Cervantes, Lorca, llegando a Goytisolo y al caricaturista árabe Naji Al Alí... Dudaste alguna vez de que Handala podría dar cara al mundo... que no aceptaría ver tanta tragedia, porque ésta no se detendría.

Todo esto y aquello lo llevaban nuestros barquitos de papel cruzando el punto de encuentro y tantos y mayores fueron nuestros sueños... “Soñé contigo en noches sucesivas, que venías aquí, nos veíamos y yo te abrazaba con todas mis fuerzas, creéme...” Y nuestras miradas sobrepasaban el límite de nuestros horizontes. Al final nos encontramos... y ya no aceptamos ver nuevos horizontes, porque no había ni amanecer ni crepúsculo. Vimos el mundo con ojos vivos y entramos a la habitación del hotel sin hablar... Hablamos en otra lengua por temor a hablar. Me atreví y rompí el hilo de silencio que nos unía y hablé espontáneamente del homenaje a un gran poeta del flamenco, Félix Grande...

-...¿Quién? -dijiste, asustada y sorprendida. -Félix Grande... ¿Qué te pasa? -Nada... ees que conozco a un chico que tiene el mismo nombre. Tus palabras me dieron a entender los dos significados de Félix Grande. Sabía que los enigmas de la vida sólo los puede comprender el que sabe esperar; por eso no comenté nada, porque luego tus frescas manos escribirían en la tumba de nuestro amor: No puedo dejar de mirar atrás; sin saber en qué sendero estoy yo ahora ni con quién estoy...

No quise hablar de nada ni me interesé en controlar el paso del tiempo; y para ahorcarlo salimos de tu espacio y entramos en el mío, el mundo de Alí Babá, el salón de té árabe que había descubierto días antes. Bebimos el té que tú misma serviste a la marroquí, después de varios intentos con la pesada tetera. Y allí, como el propietario del salón era argelino, oíste por primera vez la canción de Warda la Argelina, que serviría de título a nuestro encuentro... Me despido de ti... Última despedida... Por última vez... Pero ninguno de los dos quería comprender, porque sabíamos que lo que estaban cantando era nuestro propio destino... Y que bien podía haber sido de otra manera... Te quiero mucho.. Y no te dejaré de querer... Lo que se cantaba era nuestra propia despedida... Una despedida hollywoodiana... Corríamos detrás del tiempo esperando que se parara... que no existiera... que no... El taxista te esperó mucho. No quise acompañarte a la estación por temor a ti, a mí y al espejismo... Soporté correr detrás del taxi, de tus besos a través de la luna, y de tus lágrimas... Y me quedé solo. Paseé la mirada a mi alrededor, ya era de noche... Acerté a encontrar un refugio donde reírme de mí, de ti y de todo: el teatro Romea. Tenía razón Aristóteles cuando supo que la sonrisa es un don humano. Me reí mucho, y el techo del teatro impidió que viese la luna llena de aquella noche que pasé, indiferente, tan roja como mis ojos del día siguiente.

No terminamos aquí, y no terminaremos nunca, porque nuestro fin quedará para siempre en la memoria... Sólo terminamos cuando leíste tu desvaído poema sobre nuestro bonito, grande, silencioso y escaso amor. Un amor cobarde y soñador, engañado por el amanecer, pero que resistió ver la luna llena para que el Toro no se enamore y para que la Lidia, que eres, no continúe al día siguiente.

Horizontes Lejanos. Invierno del 98.

El Laberinto del Fauno

Recuerdo estos días la película El Laberinto del Fauno, coincido con la crítica de Llórens en mi querida y añorada Turia en que se trata de una película que combina perfectamente la cruda realidad y la fantasía para escapar de ella. Una fantasía a la que necesitamos recurrir los agnósticos para huir de ciertas realidades que a los soñadores nos deprimen. Recuperar la fantasía no viene nada mal de vez en cuando. Estos días fantaseo con un futuro libre, justo, fértil y maravilloso, para mí y para mis hijos. Y para la humanidad.

Rosas bajo el olivo

Era la primera vez que pisaba aquella tierra, la misma que enterró a "Federico", como aquí lo llaman en un emocionante tono familiar. Un inmenso bosque cobija en Alfacar el simbólico olivo donde hace 70 años lo fusilaron. Lo ví en la penumbra, lo distinguí por las rosas que yacían a sus pies. Fue un instante, pero suficiente para sentir, de golpe, el dolor de morir por las balas de la injusticia, la sinrazón, la incultura, el fascismo, el odio, la insolidaridad, la soledad, la oscuridad. Como él dijo, "el mar deja de moverse". Después de los discursos, pasar frente a ese olivo dio sentido a las palabras pronunciadas aquella noche por Alfonso Guerra, Miguel Hermoso, Marcos Ana, Carmen Calvo y la música de Amancio Prada. He llegado a sentir, en sueños, una muerte así. El mismo frío que sentimos aquella noche sentadas en la tierra donde Lorca fue asesinado, sigue recorriendo mis huesos cada vez que recuerdo aquel olivo. Un recuerdo que no quiero olvidar para seguir viviendo con los pies en el suelo, sintiendo el dolor ajeno, que es el de la humanidad. Un maqui recordaba ayer las penurias que pasaron durante la posguerra en el monte, pero se quedaba con la dicha de haber sabido lo que es la solidaridad, "la de compañeros que casi mueren a palos por no desvelar tu paradero, sabiendo cuál era". Esa gente sigue viviendo con los pies en la tierra, "y seguimos luchando por las mismas ideas que nos movieron entonces".

Darse una vuelta por el mundo conmigo misma

No hay nada como la luz clara y el sol para despejar ideas y ahuyentar malos pensamientos. Así que voy a ponerme a trabajar en serio. Me quedan tres días aquí antes de salir a Valencia. Se me ha pasado por la cabeza contactar con revistas y otros medios para venderles mi trabajo, pero no sé cómo está el mercado ni cómo funciona ese sistema de free-lance. En las bitácoras de Magda Bandera o la de Mariuca me he podido hacer una idea. Pero por lo que cuentan -María en sus comentarios me lo confirma- no es tarea fácil. Todo sea por intentarlo. Este verano me gustaría hacerlo, como el año pasado pero recorrerme mi zona de cobertura durante más tiempo, con mi propio coche esta vez. Creo que de ahí puedo sacar buenos temas, y la verdad es que disfruté viajando sola y durmiendo en esas casas rurales tan inspiradoras. Creo que es esto lo que realmente me gustaría hacer.

Nada mejor para olvidarse de las miserias: viajar

18 de mayo de 2006 13:11

Siento de manera apasionada la vida me espera para disfrutar de este misterioso mundo, de sus rincones, de sus criaturas, de sus sueños. Además, me da la oportunidad de contarlo, de volcar toda mi pasión en historias con las que hacer la vida más feliz a los demás. Estos dos días he visto la naturaleza más asombrosa y bella que los humanos puedan contemplar. He podido sentir el pálpito del agua, del cielo, del viento, de las rocas, de los colores con que la tierra se pinta para maravillar al mundo. He sentido el movimiento interior de las personas y la pasión con la que hacen su vida. Vengo cargada de rayos de sol, de ráfagas potentes de viento y de destellos de luz y color con los que seguir viviendo, soñando y escribiendo. Quiero escribirlo todo con el mismo sentir con el que me lo han contado. Pero antes voy a salir a la calle, a ver qué sorpresas me da la vida.