Por tercer año consecutivo, estuve ayer en Baza (Granada) cubriendo la inigualable fiesta de Cascamorras. Por suerte, la primera impresión que me causó de celebración primitiva y bestial se ha transformado en interés por disfrutar de la carrera y por la singular evolución de la fiesta, que este año ha sido limpia, civilizada y espectacular como nunca. Salvo algún tropezón y algún indeseable, la negra masa humana que inunda Baza cada 6 de septiembre ha sabido estar a la altura de su reciente declaración de interés turístico nacional. El juego de Antonio Vera, el accitano que encarna a Cascamorras este año, ha engrandecido más la fiesta: no para de animar, de corear, de tremolar la bandera, de sonreir, de besar durante toda la carrera. Además, es guapo y luce un cuerpo digno de mostrar, aunque sea totalmente embadurnado de pinturas negras -que no le quedan nada mal-. En fin, que he aprendido a disfrutar de la fiesta, a pesar de los nervios de tener que conseguir buenas fotografías y enviar una crónica a la agencia EFE y a mi periódico antes de que la carrera acabe. Aquí dejo la que envié a La Opinión, que hoy me ha publicado una foto en la portada:

Baza vive un espectáculo de lujo con el Cascamorras más multitudinario de la historia

Lidia M. Ucher. Baza. Cascamorras en Baza siempre congrega a multitudes. Pero este año, la carrera ha sido histórica, por la masiva participación y la espectacularidad con la que Antonio Vera y los cascamorreros realizaron todo el recorrido.

Sin duda, la declaración de la fiesta de interés turístico nacional ha marcado un antes y un después en Baza. Nadie ha querido perderse la fiesta y todos se han volcado para que la carrera de este año batiese todos los récords. Y lo han conseguido. Las camisetas blancas con la característica mano negra que simboliza la fiesta pronto se embadurnaron de pintura. Esta vez, ni rastro de aceite de motor, un gesto que engrandeció la fiesta e hizo honor a su nueva distinción turística.

Fue una carrera histórica y así lo recordarán los miles de personas que siguieron ayer en Baza a Cascamorras. Una auténtica multitud animó como nunca el tradicional recorrido por las calles de Baza junto a Antonio Vera, que encarnaba por segundo año consecutivo al personaje de Juan Pedernal.

Con la peculiar vestimenta de jirones, unas ocho mil personas han protagonizado el Cascamorras más multitudinario de la historia. La carrera, que se inició a las 6 de la tarde en Las Arrodeas de Baza, se alargó más de lo habitual por las continuas paradas que Cascamorras tenía que realizar para abrirse camino entre toda la afición que le rodeaba y que apenas le permitía correr unos pasos.

Con la llegada a la antigua Estación, Antonio Vera pudo cobrar fuerzas y dirigirse al gentío para dedicarle las tradicionales “juras” de bandera, en las que Cascamorras tremola el pendón que porta durante toda la carrera. En los Caños Dorados se vivió uno de los mejores momentos de la fiesta, cuando Antonio Vera aprovechó para refrescarse y jugar con el agua junto a los aficionados que lo aguardaban en los alrededores de la fuente y disfrutaban de la fiesta desde los balcones.

La marea humana que se congrega en este punto y que llega corriendo provocó incluso una momentánea avalancha y algunas caídas en las escalerillas de los Caños. Los gritos de los aficionados pidiendo que pararan a los que se aproximaban al lugar impidió que el incidente ocasionara daños mayores.

Al paso por este emblemático punto de la carrera, y después del susto, Antonio Vera siguió sonriendo a la afición y entonando los vivas a Cascamorras, la Virgen de la Piedad y a Baza, que la gente coreaba con auténtico fervor. La carrera continuó hacia la plaza Mayor y terminó, como siempre, con la entrada -bastante complicada- a la Iglesia de la Merced, donde Cascamorras fue recibido por los padres franciscanos.

Una fiesta limpia, divertida, cuidada y espectacular que este año ha dado un paso de gigante para entrar en la historia de esta centenaria celebración.